MUJERES SECUESTRADORAS VENEZUELA

El trabajo periodístico y de investigación Viaje a las entrañas de la mujer secuestradora: un fenómeno que se advierte en Venezuela revela, con base en las publicaciones de los medios entre 2010 y 2014, el rol de las féminas en esta actividad delictiva. Para ello se utiliza el género del reportaje de tipo interpretativo, que a través de sus técnicas y herramientas propias del periodismo de investigación, pone en evidencia la situación. Este trabajo fue presentado y publicado en la Universidad Central de Venezuela en junio de 2015.

Históricamente en Venezuela se ha relacionado la práctica del secuestro con la figura masculina y se ha excluido el rol de la mujer. Algunas veces este ocultamiento parece obedecer a razones de género, fuerza y percepción social sobre el papel de la mujer en el ejercicio de la violencia criminal. Según una encuesta del Instituto Nacional de Estadísticas, INE, publicada en 2006, el 100% de los victimarios del secuestro de aquel año fueron hombres. En 2010, la misma institución del Estado publicó un nuevo estudio: para ese momento las personas de sexo masculino ya no eran la totalidad de los victimarios, al menos el 20,45% eran mujeres. Desde entonces no se publican boletines de este rigor en el país. Sin embargo, los medios impresos y digitales, tanto regionales y nacionales, han reportado la incidencia. Estos reportes nos permiten suponer, pese a la invisibilización oficial, la participación activa de mujeres en el delito de secuestro.

Entre 2010 y 2014 fueron registrados en Venezuela al menos 75 casos de secuestro con participación femenina en los cuales, ellas, 114 en total, cumplieron diferentes roles. Los números,  de acuerdo con  una data elaborada con base en las publicaciones de 35 medios digitales, han sido progresivos. Este es un punto de partida para suponer que se ha conformado una tendencia en la que cada vez más personas del sexo femenino se han integrado a  bandas dedicadas al secuestro. Un “fenómeno” y una alerta que expresa todo un giro ético, empeoramiento de condiciones de vida y hasta una toma de conciencia del uso de la violencia, en una sociedad cuyos acuerdos de convivencia bordean el quiebre, según  la visión de varios expertos consultados.